Deberíamos poner orquídeas en los pasillos y adornar con velas. Se vería mucho más bonito. Mejor, dejamos los crisantemos pero hay que combinarlos con un color más vivo. ¿Cuál te gusta?
Samuel estaba cansado. Era la octava vez que Mariela, su novia desde hacía un año cambiaba las flores.
-¡Samuel!
-Eh...no lo sé. Las que te gusten está bien.
-Siempre me dices lo mismo. No es posible que no apoyes en nada.
-Sí te apoyo.
-¿Sabes qué? Vamos a olvidar este asunto. Mejor no quiero flores.
-Lo que quieras está bien.
-¿Ves? ¡Me chocas!
Mariela salió corriendo de la pequeña cafeteria. Samuel tomó un último sorbo de café y pagó la cuenta.
-¿Día difícil?- le dijo una voz desde la otra mesa.
-¿Qué? Ah, sí. Ya sabes, los preparativos siempre son difíciles.
-¿Preparativos?
-Mmm...sí. Me voy a casar y la que salió corriendo es mi novia.
-Felicidades.
La voz que escuchaba desde la otra mesa, llevaba por nombre Elisa. Era una mujer alta, con el cabello rojizo y ojos oscuros. Cruzó la pierna sensualmente antes de continuar.
-Alguna vez pensé en casarme pero no era lo mío. ¿Sabes?
-Lo siento mucho.
-¿Por qué seguimos en mesas separadas?
-Jajaja. Lo siento, lo siento. ¿Me puedo unir?
Samuel se levantó hacia la mesa de Elisa. Pensó que era atractiva pero no podía hacer nada al respecto, tenía una novia enojada en casa y una boda que pagar. Esto último le amargaba el pensamiento ya que Mariela quería una boda estilo reyes de Inglaterra, mientras que él estaba contento con sólo hacer una reunión con sus más allegados.
-Entonces, ¿saliste corriendo del altar? -le dice Samuel en un tono coqueto.
-Jajaja. Algo así. No llegué a tanto. Devolví el anillo.
-¿Y ahora qué haces?
-Disfrutar la vida.
-Me gusta escuchar eso.
Elisa y Samuel platicaron durante horas. Ella le contó de cómo compró un boleto para recorrer el mundo. Las cosas que conoció en Vietnam y cómo le sorprendía todo en Japón. El color de las flores en París y la belleza de la arquitectura romana. Los platillos en Venecia y la brisa del mar en Ibiza. Samuel la escuchaba fascinado, pensando que él jamás había conocido ciertos rincones del mundo de los cuales Elisa le hablaba.
Samuel pensó en todas las cosas que Elisa le contó. Se la imaginaba disfrutando su momento en cada lugar. Pensó en la cara enojada de Mariela y entonces se atrevió a besar a Elisa.
El beso fue tierno y suave. Elisa se sentía atraída por Samuel. Intercambiaron números con el fin de volverse a ver.
Eso nunca sucedió, pero Samuel todavía piensa en Elisa en las noches antes de quedarse dormido al lado de Mariela.
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27 de noviembre de 2014
14 de julio de 2010
Reencuentro
No pensé que perduraras en mi recuerdo después de todos estos años. En algunos sueños te sentí y en otros he vuelto a desear que te alejes de mí para siempre. Nunca te olvidé del todo y por eso, siento que cada que te es posible te apareces en mi sueños. Recuerdo la tarde gris en la que nos dijimos adiós. Yo llorando y tu tomando el volante del vehículo azul que jamás volví a ver.
Hoy te conocí de nuevo. No pude reconocerte de primera instancia pero supe que eras tú. Me vi en tus ojos y tú en los míos y fue como volver en el tiempo, aquel único tiempo en el que fuimos felices. Yo no te intereso. Y si te interesara creo que me invitarías a tus prácticas de remo que tanto te gustan y tanto trabajo te cuestan hacer. Te has mejorado con los años y cada vez que te miro reparo en tu cuerpo y me pregunto cómo se sentiría unido al mío. La única razón es la curiosidad pues no podría yo volver a unirme a tí después de lo que me has hecho. No te conozco ahora y no te conocí nunca. Tu apariencia es hermosa y muy codiciable pero apenas llego al corazón de tus sentimientos me doy cuenta de que eres duro y frío.
El anhelo más grande fue crear una familia a tu lado. Todas esas veces que estuvimos juntos me emocionaba de pensar que tal vez algún pequeño venía en camino. Era muy tonta. Ni te imaginas todo lo que he vivido sin ti y lo bien que se siente. Encontré a un hombre mil veces mejor que tú y me llama por nombres cariñosos, si me enfermo no se va hasta que se asegura de que estoy bien y me da toda su atención. No tiene tu cara ni tu cuerpo, pero tiene el mejor corazón que haya conocido jamás y esa razón sobrepasa a todas las demás que alguien podría tener en su contra. Seguro tu sigues sufriendo por tus interminables búsquedas internas y las decisiones incorrectas que has tomado en tu vida. Seguro que derramas algunas lágrimas antes de dormir, pero no por mí. Seguro que tu esculpido pecho abraza a otra en vez de a mí.
Hoy te conocí de nuevo, y no mostraste una pizca de interés en mí. Fui muy amable contigo para encontrarme de nuevo con un témpano. Sentí en tu breve abrazo ese cuerpo esculpido. Sobretodo me vi en tus ojos y creo que tú te viste en los míos. Tus ojos avellana no se posarán en mí jamás.
En todo esto sales ganando. No he dejado de pensar en ti ni un sólo día.
Hoy te conocí de nuevo. No pude reconocerte de primera instancia pero supe que eras tú. Me vi en tus ojos y tú en los míos y fue como volver en el tiempo, aquel único tiempo en el que fuimos felices. Yo no te intereso. Y si te interesara creo que me invitarías a tus prácticas de remo que tanto te gustan y tanto trabajo te cuestan hacer. Te has mejorado con los años y cada vez que te miro reparo en tu cuerpo y me pregunto cómo se sentiría unido al mío. La única razón es la curiosidad pues no podría yo volver a unirme a tí después de lo que me has hecho. No te conozco ahora y no te conocí nunca. Tu apariencia es hermosa y muy codiciable pero apenas llego al corazón de tus sentimientos me doy cuenta de que eres duro y frío.
El anhelo más grande fue crear una familia a tu lado. Todas esas veces que estuvimos juntos me emocionaba de pensar que tal vez algún pequeño venía en camino. Era muy tonta. Ni te imaginas todo lo que he vivido sin ti y lo bien que se siente. Encontré a un hombre mil veces mejor que tú y me llama por nombres cariñosos, si me enfermo no se va hasta que se asegura de que estoy bien y me da toda su atención. No tiene tu cara ni tu cuerpo, pero tiene el mejor corazón que haya conocido jamás y esa razón sobrepasa a todas las demás que alguien podría tener en su contra. Seguro tu sigues sufriendo por tus interminables búsquedas internas y las decisiones incorrectas que has tomado en tu vida. Seguro que derramas algunas lágrimas antes de dormir, pero no por mí. Seguro que tu esculpido pecho abraza a otra en vez de a mí.
Hoy te conocí de nuevo, y no mostraste una pizca de interés en mí. Fui muy amable contigo para encontrarme de nuevo con un témpano. Sentí en tu breve abrazo ese cuerpo esculpido. Sobretodo me vi en tus ojos y creo que tú te viste en los míos. Tus ojos avellana no se posarán en mí jamás.
En todo esto sales ganando. No he dejado de pensar en ti ni un sólo día.
11 de junio de 2010
La impresión del amor
Era un día nublado y lluvioso. El esmog citadino bloqueaba cualquier clase de paisaje visible. Juan había salido de su trabajo en la fábrica, y en la ciudad llovía sin parar. Se respiraba un ambiente húmedo y sucio. Juan corría por la acera tratando de encontrar un lugar donde resguardarse, y al intentar brincar un hondo charco, cayó y se lástimo el pie.
Se arrastró hasta un callejón y muy adolorido se sentó en el suelo. Acto seguido revisó su pie. Ahí fue donde la escuchó por primera vez. Un sollozo pequeñito venía de algún lado y él no distinguía de dónde.
Pronto Juan se acercó a un montón de basura. La removió un poco, y encontró a la mujer más hermosa que hubiera visto. Era rubia, de ojos claros -no podía ver el color por tantas lágrimas- de pechos enormes, y lo mejor, estaba casi desnuda Ella era la contraportada del periódico de ese día. Su nombre era Natasha.
¿Por qué lloras?- preguntó Juan-¡Sólo déjame en paz boludo!- replicó la monumental figura argentina impresa en el papel barato. Juan la tomó entre sus brazos. -Ya, deja de llorar.-le dijo mientras un hombre pasaba y lo miraba de manera extraña. -¡Mirá que me estoy mojando!-Juan reaccionó, la metió dentro de su chamarra y caminó hasta su casa.
Ella le contó de cómo se había enamorado de un hombre que compró la publicación en la que aparecía, fue romántico al principio pero después de haberla utilizado para satisfacer sus necesidades fisiológicas, terminó botándola en el montón de basura en el que la encontró.
-Todos los hombres son iguales. Prometen no cumplen, por eso sho, sha no me voy a enamorar, ¡Nunca!
-No digas eso Natacha.-dijo él.
-¿Natacha? ¡Que es Natasha! ¡Shhh!, ¡shh! practica...
-Shhh...bueno no digas eso, yo no te voy a tratar mal.
Natasha sonrió. Juan la consoló y de pronto hablaron de todo. Ella de los sueños de modelaje y él de sus esperanzas en regresar a su tierra con muchos billetes para no volver más a la ciudad.
Juan besó a Natasha. Sobre la cama del sarape sucio y polvoso, se amaron.
Por semanas todo fue felicidad, aunque las cosas se complicaban un poco cuando Juan se iba al trabajo. -Seguro que ahí me engañás con alguien.- le decía Natasha. Él le decía que no, y ella insistía en acompañarlo al trabajo sólo para corroborar. La discusión era siempre la misma y Juan terminaba por arrugar a Natasha y salir de la casa apresurado.
Natasha lloraba por las tardes y ya los vecinos se habían quejado de ella pues no dejaba de contarles a todas horas los malos tratos que le daba Juan. Hasta Doña Catita, la señora más chismosa de la vecindad, estaba harta de escucharla. Natasha decía que Juan la engañaba con la vendedora de la recaudería, la de la tienda y muchas más.
-Venga para acá Juan- le dijo un día la portera - debería controlar a esa fierecilla que usted tiene. Esas mujeres son malas, pero ustedes los hombres se ciegan nada más con ver semejantes cosotas. Mejor encuentre una muchacha dulce, decente. Yo sé lo que le digo. - Juan asintió con la cabeza en silencio, sin saber qué hacer.
Una Natasha cada vez más descolorida y arrugada hacía los reclamos diarios. Para Juan era aburrido escucharla y verla. Nunca hubo misterio realmente.
Por la mañana todo fue claro para Juan. – Hoy te voy a llevar al trabajo-le dijo, mientras una Natasha atónita abría los ojos por la impresión.
Juan la dobló y la guardó en el bolso de su chamarra. Cuando bajó del microbús caminó al callejón donde la había encontrado y la metió lo más profundo que pudo en el montón de basura. Natasha gritó desesperadamente. -¿Juan? ¿JUAN? ¡Juaaaaaan!-
Él no le contestó. Caminaba ya por la acera de la fábrica, respirando por fin el fresco aroma de la libertad.
Cuento que originalmente fue llamado "Amor de Papel", la primera versión la puedes leer aquí
Se arrastró hasta un callejón y muy adolorido se sentó en el suelo. Acto seguido revisó su pie. Ahí fue donde la escuchó por primera vez. Un sollozo pequeñito venía de algún lado y él no distinguía de dónde.
Pronto Juan se acercó a un montón de basura. La removió un poco, y encontró a la mujer más hermosa que hubiera visto. Era rubia, de ojos claros -no podía ver el color por tantas lágrimas- de pechos enormes, y lo mejor, estaba casi desnuda Ella era la contraportada del periódico de ese día. Su nombre era Natasha.
¿Por qué lloras?- preguntó Juan-¡Sólo déjame en paz boludo!- replicó la monumental figura argentina impresa en el papel barato. Juan la tomó entre sus brazos. -Ya, deja de llorar.-le dijo mientras un hombre pasaba y lo miraba de manera extraña. -¡Mirá que me estoy mojando!-Juan reaccionó, la metió dentro de su chamarra y caminó hasta su casa.
Ella le contó de cómo se había enamorado de un hombre que compró la publicación en la que aparecía, fue romántico al principio pero después de haberla utilizado para satisfacer sus necesidades fisiológicas, terminó botándola en el montón de basura en el que la encontró.
-Todos los hombres son iguales. Prometen no cumplen, por eso sho, sha no me voy a enamorar, ¡Nunca!
-No digas eso Natacha.-dijo él.
-¿Natacha? ¡Que es Natasha! ¡Shhh!, ¡shh! practica...
-Shhh...bueno no digas eso, yo no te voy a tratar mal.
Natasha sonrió. Juan la consoló y de pronto hablaron de todo. Ella de los sueños de modelaje y él de sus esperanzas en regresar a su tierra con muchos billetes para no volver más a la ciudad.
Juan besó a Natasha. Sobre la cama del sarape sucio y polvoso, se amaron.
Por semanas todo fue felicidad, aunque las cosas se complicaban un poco cuando Juan se iba al trabajo. -Seguro que ahí me engañás con alguien.- le decía Natasha. Él le decía que no, y ella insistía en acompañarlo al trabajo sólo para corroborar. La discusión era siempre la misma y Juan terminaba por arrugar a Natasha y salir de la casa apresurado.
Natasha lloraba por las tardes y ya los vecinos se habían quejado de ella pues no dejaba de contarles a todas horas los malos tratos que le daba Juan. Hasta Doña Catita, la señora más chismosa de la vecindad, estaba harta de escucharla. Natasha decía que Juan la engañaba con la vendedora de la recaudería, la de la tienda y muchas más.
-Venga para acá Juan- le dijo un día la portera - debería controlar a esa fierecilla que usted tiene. Esas mujeres son malas, pero ustedes los hombres se ciegan nada más con ver semejantes cosotas. Mejor encuentre una muchacha dulce, decente. Yo sé lo que le digo. - Juan asintió con la cabeza en silencio, sin saber qué hacer.
Una Natasha cada vez más descolorida y arrugada hacía los reclamos diarios. Para Juan era aburrido escucharla y verla. Nunca hubo misterio realmente.
Por la mañana todo fue claro para Juan. – Hoy te voy a llevar al trabajo-le dijo, mientras una Natasha atónita abría los ojos por la impresión.
Juan la dobló y la guardó en el bolso de su chamarra. Cuando bajó del microbús caminó al callejón donde la había encontrado y la metió lo más profundo que pudo en el montón de basura. Natasha gritó desesperadamente. -¿Juan? ¿JUAN? ¡Juaaaaaan!-
Él no le contestó. Caminaba ya por la acera de la fábrica, respirando por fin el fresco aroma de la libertad.
Cuento que originalmente fue llamado "Amor de Papel", la primera versión la puedes leer aquí
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