26 de julio de 2010

El vampiro

Ella tomó el libro tétrico entre su manos. Con miedo lo escondió debajo de su enorme vestido. Al llegar a su casa, lo escondió debajo del libro sagrado, para que el otro siendo opaco y fúnebre pasara desapercibido.

Cuando las manecillas marcaban cerca de las doce de la noche, la muchacha tomó una lámpara y enciendiéndola con un fósforo, caminó el angosto pasillo hasta la biblioteca. Levantó el libro sagrado, y ahí estaba. Lo que siempre había anhelado leer, historias sobre seres helados que viven succionando sangre humana. Se le erizó la piel de pensar que alguien podría hacerle eso. Varios libros se cayeron. Al voltear no había nadie.

Después de terminar de leer una historia del misterioso libro, pudo sentir que una mano fría, rígida, y sólida, acariciaba su cuello. Se entregó a esa sensación culpable que no dejaba de ser placentera. Una lengua helada recorría su cuello mientras ella gemía casi en silencio. Unos colmillos se clavaron profundamente en su ser. De pronto no tuvo más fuerzas y se dejó ir. La lámpara cayó al suelo rompiéndose en pedazos y todo quedó en oscuridad.

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