8 de junio de 2010

El enamoramiento

Ya no podía seguir fingiendo. Daba vueltas en la cama por las noches sin poder dormir. La vería mañana, y el día después de mañana, y toda la semana. Estaba triste. Se sentía un cobarde sin poder decírselo. Se levantó. Tomó dos sorbos de agua, se limpió la cara y regresó a la cama. Su torso perfectamente esculpido reflejaba la luz de la luna que tímidamente entraba por la ventana.
El reloj sonó a las cinco y media. Él abrió los ojos un poco confundido. Se levantó y poniéndose algo encima, salió a la calle, hasta el punto donde siempre la veía, donde la sonrisa diminuta iluminaba su día. Esperó.
De pronto llegó el momento que esperaba, el paso de la luz, del amor, de lo que siempre había querido, el nombre de la felicidad...



-¡Magda! ¡Magda!-gritó la vecina.



- ¡Hola vecina!-dijo él.



-Hola Julio, ¿Por qué tan temprano por aquí?



-Hay algo que he querido decirte....



-¿Qué? – dijo ella interrumpiéndolo con el ceño fruncido.



-Es que...no sé cómo decirlo...estoy enamorado de...



-¿De mí? – dijo ella sorprendida.



-De Magda...



-¿¿Qué?? ¡Eres un idiota me voy de aquí! Vámonos Magda- dijo, mientras jalaba la correa de Magda su perrita french poodle desde hacía dos años.



-¡Vecina! ¡No te vayas! – gritó Julio – ¿Me la vendes? ¡Bueno! ¿Me la regalas?



La vecina ya había cruzado la calle con el corazón roto e ignoró a Julio por los siguientes ocho meses hasta que ella se mudó de ahí.

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