16 de junio de 2010

Máscaras

Rocío era alta, morena y delgada. Aunque bella, no resaltaba entre la multitud. No enseñaba las piernas usando diminutas minifaldas. Tampoco le gustaba ir a la universidad con escotes profundos para obtener más atención de sus compañeros y maestros. Se consideraba una mujer promedio, una estudiante promedio, y una joven no muy deseable, ante los ojos de los hombres.


Es por eso que cuando Rocío comenzó a salir con el muchacho más popular de la universidad, que llamaremos "donjuán", se volvió loca. Recorría los centros comerciales buscando ropa con escotes profundos. Tacones altos. Bolsas llamativas, maquillaje irreverente. Todo para gustarle más a su novio, quien gustaba de tales cosas dentro de la habitación. Fuera de ella, él también actuaba de acuerdo al promedio. Quería un estereo que casi tronara las bocinas de su auto. Quería ir los viernes a fiestas con sus amigos y emborracharse, quería conocer otras chicas para después de la fiesta, irse a acostar con ellas. Quería derrochar un poco de dinero, quería viajar. Quería lucir perfecto ante todas las admiradoras que tenía en la universidad, y por encima de todo, quería que Rocío fuera perfecta.



Rocío jugaba con todo. Hacía chistes de los temas más serios que existen. –“Estoy tratando de tener una relación adulta.”- le dijo su donjuán un día. Rocío lloraba por las noches por sentirse incomprendida y pendeja. Lloraba de desesperación los viernes en la noche cuando ella estaba en su casa y sabía que el se revolcaba con amiguitas. Sin embargo, Rocío aguantaba todo esto por una sóla cosa: ver la cara de envidia que ponían sus amigas cada vez que veían a Rocío con donjuán.-“No sé que le pudo haber visto donjuán a esa piernas de popotitos “– decía una de ellas. –“No es lo que le vió, es lo que le dio.”- decía otra. Risas al unísono.



Rocío llamaba la atención cuando estaba con donjuán. Era una sensación única. Los muchachos más apuestos de la universidad platicaban con ella. Las muchachas más bellas fingían interesarse por su plática. La invitaban a fiestas de gente popular, y era tomada en cuenta para los eventos más exclusivos de los estudiantes, sólo por ser la pareja oficial de donjuán. El mayor problema de Rocío, era paradójicamente, estar con donjuán. Era una mujer sumamente celosa, posesiva, y controladora, y el que donjuán estuviera con muchas mujeres, la frustraba. Se preguntaba por qué no era lo suficientemente buena para él.



Él por su parte, hacía un buen rato que había perdido el interés en ella. Se gastaban las noches y parte de los días peleando. Sin embargo, en público eran como un bombón. Donjuán sonreía todo el tiempo y ella brillaba como si fuera la mujer más feliz del mundo. Él la trataba con dulzura, y ella lo besaba con pasión. En las fiestas, ella era la envidia de todas, y eran, como pareja, envidiados por todos. – Rocío y donjuán son taan felices…-decían todas sus amigas. Al llegar al cuarto del hotel, se hacía un gran contraste, Rocío trataba de besar a donjuán para tener un encuentro apasionado, pero éste se volteaba. Él era distante y frío con ella en privado. Rocío dormía en el sillón, llorando toda la noche por lo que no podía ser.



En una de las fiestas donde lucían encantadores, Dora, mi mejor amiga le pregunto a Rocío:



-Chío, ¿ Eres feliz con donjuán?-



-La más feliz Dora, la más feliz.- dijo, sosteniendo su máscara de carita feliz, mientras secaba sus lágrimas manchadas de rímel.

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