11 de junio de 2010

La impresión del amor

Era un día nublado y lluvioso. El esmog citadino bloqueaba cualquier clase de paisaje visible. Juan había salido de su trabajo en la fábrica, y en la ciudad llovía sin parar. Se respiraba un ambiente húmedo y sucio. Juan corría por la acera tratando de encontrar un lugar donde resguardarse, y al intentar brincar un hondo charco, cayó y se lástimo el pie.


Se arrastró hasta un callejón y muy adolorido se sentó en el suelo. Acto seguido revisó su pie. Ahí fue donde la escuchó por primera vez. Un sollozo pequeñito venía de algún lado y él no distinguía de dónde.

Pronto Juan se acercó a un montón de basura. La removió un poco, y encontró a la mujer más hermosa que hubiera visto. Era rubia, de ojos claros -no podía ver el color por tantas lágrimas- de pechos enormes, y lo mejor, estaba casi desnuda Ella era la contraportada del periódico de ese día. Su nombre era Natasha.

¿Por qué lloras?- preguntó Juan-¡Sólo déjame en paz boludo!- replicó la monumental figura argentina impresa en el papel barato. Juan la tomó entre sus brazos. -Ya, deja de llorar.-le dijo mientras un hombre pasaba y lo miraba de manera extraña. -¡Mirá que me estoy mojando!-Juan reaccionó, la metió dentro de su chamarra y caminó hasta su casa.

Ella le contó de cómo se había enamorado de un hombre que compró la publicación en la que aparecía, fue romántico al principio pero después de haberla utilizado para satisfacer sus necesidades fisiológicas, terminó botándola en el montón de basura en el que la encontró.

-Todos los hombres son iguales. Prometen no cumplen, por eso sho, sha no me voy a enamorar, ¡Nunca!

-No digas eso Natacha.-dijo él.

-¿Natacha? ¡Que es Natasha! ¡Shhh!, ¡shh! practica...

-Shhh...bueno no digas eso, yo no te voy a tratar mal.

Natasha sonrió. Juan la consoló y de pronto hablaron de todo. Ella de los sueños de modelaje y él de sus esperanzas en regresar a su tierra con muchos billetes para no volver más a la ciudad.

Juan besó a Natasha. Sobre la cama del sarape sucio y polvoso, se amaron.

Por semanas todo fue felicidad, aunque las cosas se complicaban un poco cuando Juan se iba al trabajo. -Seguro que ahí me engañás con alguien.- le decía Natasha. Él le decía que no, y ella insistía en acompañarlo al trabajo sólo para corroborar. La discusión era siempre la misma y Juan terminaba por arrugar a Natasha y salir de la casa apresurado.

Natasha lloraba por las tardes y ya los vecinos se habían quejado de ella pues no dejaba de contarles a todas horas los malos tratos que le daba Juan. Hasta Doña Catita, la señora más chismosa de la vecindad, estaba harta de escucharla. Natasha decía que Juan la engañaba con la vendedora de la recaudería, la de la tienda y muchas más.

-Venga para acá Juan- le dijo un día la portera - debería controlar a esa fierecilla que usted tiene. Esas mujeres son malas, pero ustedes los hombres se ciegan nada más con ver semejantes cosotas. Mejor encuentre una muchacha dulce, decente. Yo sé lo que le digo. - Juan asintió con la cabeza en silencio, sin saber qué hacer.

Una Natasha cada vez más descolorida y arrugada hacía los reclamos diarios. Para Juan era aburrido escucharla y verla. Nunca hubo misterio realmente.

Por la mañana todo fue claro para Juan. – Hoy te voy a llevar al trabajo-le dijo, mientras una Natasha atónita abría los ojos por la impresión.

Juan la dobló y la guardó en el bolso de su chamarra. Cuando bajó del microbús caminó al callejón donde la había encontrado y la metió lo más profundo que pudo en el montón de basura. Natasha gritó desesperadamente. -¿Juan? ¿JUAN? ¡Juaaaaaan!-

Él no le contestó. Caminaba ya por la acera de la fábrica, respirando por fin el fresco aroma de la libertad.



Cuento que originalmente fue llamado "Amor de Papel", la primera versión la puedes leer aquí

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