15 de junio de 2010

La mujer que odiaba a Lolita Páprika

Rosario siempre había estado celosa de su amiga, Lolita Paprika. Rosario era una chica de estatura pequeña, gorda, de ojos obscuros, mentón grande, frente prominente y dentadura normal. Por otra parte Lolita Páprika fue una niña de ensueño desde pequeña. Con su cabello rubio oro, sus ojos grises y su sonrisa brillante, convenció a su papá de comprarle un pony a los 5 años, y de comprarle un Camaro a los 15. Básicamente Lolita podía conseguirlo todo, por su belleza y gracia.

Rosario conocía a Lolita desde la primaria. Sus mamás fueron amigas por un tiempo pero todo acabó aquella trágica tarde de verano en la fiesta de cumpleaños número ocho de Lolita Páprika en la alberca, en la que Rosario pateó a Lolita en la espinilla, la cual cayó inevitablemente al agua y estuvo a punto de ahogarse debido a que no podía nadar del dolor. Rosario recuerda la cara horrorizada de todos los niños viéndola mientras la Señora Páprika les pedía a ella y a su mamá muy amablemente que se retiraran de la fiesta. Sin embargo, deben ustedes saber que Rosario no pateó a Lolita en vano. La pateó después de que la menudita rubia le dijera “gorda de mierda”, palabras que la traviesa Lolita había oído de labios de su papá. El resto lo saben ustedes.

La verdad es que Lolita y Rosario no eran amigas; siguieron en la misma escuela y al llegar a la prepa, Lolita era una hermosa muchacha, delgada, rubia, sonrisa impactante...bueno, ya lo saben, era hermosa. En cambio Rosario tenía 17 años, pero parecía de treinta. Lolita Páprika era la más popular de las populares de la escuela y era novia del muchacho que le gustaba a Rosario. La vida no podía ser más injusta. Rosario la odiaba en secreto. Debido a ella, la obesa niña no tenía amigas ni amigos, mucho menos alguien que se le acercara con otras intenciones. Desde el día de la fiesta de ocho años de Lolita, nadie le volvió a hablar.

Rosario tenía fotos de Lolita, de los anuarios y fotos grupales. Se encerraba en su cuarto y les pintaba bigotes, les lanzaba dardos, y escribía obscenidades sobre ella. Los compañeros de Rosario no sabían nada. Ni la misma Lolita se acordaba ya de Rosario. Era como un mueble, otra banca en el salón. Pronto la hermosa muchachita comenzó a modelar, aparecía en revistas y comenzó a ser famosa. Rosario compraba las revistas y las quemaba.

Las dos pasaron a la universidad donde finalmente se separaron. Rosario por fin pudo hacer amigas y amigos, consiguió un novio y sintió una pertenencia. Lolita Páprika por su lado, fue más popular que en toda su vida y consiguió un programa de televisión. Anunciaba refrescos, papas, y salía en la T.V. de paga. Rosario no lo podía creer. La odiaba más que nunca porque sabía que ni aunque lo intentara cien años iba a poder ser como Lolita.

Un día, muy preocupada y exhausta de urdir tantos planes que no podría llevar a cabo en contra de Lolita, le preguntó a su novio señalando la foto de Páprika:

-Mira, ¿Crees que es bonita?- dijo con los ojos inundados.
-No me gusta, mira que dientes.
-¿Qué? ¡Son perfectos!- dijo sorprendida.
-No, no estás mirando bien.

El galán de Rosario, señaló la dentadura de Lolita en el papel. Un diente de la infancia que nunca había bajado vivía en la encía del lado izquierdo de la muchacha, lo cual hay que mencionar, no le quitaba su belleza.

Rosario nunca lo había notado en todos los años que la conoció. La obesa mujer decidió que al menos en algo era mejor que la millonaria Lolita y jamás la volvió a mencionar.

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